Estaba mirando por la ventana.
Una nenita llamaba a su perrito desde un lado, en la vereda.
El perrito estaba del otro lado de la calle.
La nena llamaba y el perro no podía cruzar porque había mucho tránsito.
Cuano vio que podía, cruzó.
¡TRACK!
Así se sintió el sonido seco de los huesos quebrándose bajo las ruedas de un auto apresurado.
Yo estaba a 20 metros de ese perro y pude sentir eso.
Un cambio rotundo: la felicidad de ese perro antes de cruzar la calle y luego los llantos desesperados.
Nunca había escuchado a un perro llorar tan fuerte.
NUNCA.
Un hombre que pasaba ayudó al perro a llevarlo hasta la nena.
Alcancé a verla llorando a cántaros.
Y después no vi más nada.
No pude.
Todavía siento ese sonido retumbando en mi cabeza.
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