Eduardo nació con una gran habilidad. Podía predecir su futuro un determinado tiempo antes de que sucediese. Pero si de algún modo; sea escrito, oral o el que se le ocurriera; le trasmitía a alguien lo que le iba a suceder, el futuro cambiaba.
Cuando le preguntaban cosas tales como: ¿Cómo hacés para sacarte 100% en todos los exámenes de la facu?, él respondía que sabía lo que le iban a tomar, punto por punto; aunque nadie le creía porque no había forma de verificar que era verdadera su habilidad.
Un noche, estaba en el teatro con un amigo viendo un show de magia de uno de los mejores magos de la zona, y sin querer se le escapó:
- Jajaja, a esa galera entró un conejo pero van a salir de ahí tres pájaros amarillos.
Increíblemente el truco fracasó. No salía nada de la galera y el mago no entendía que sucedía porque realmente habían desaparecido el conejo y los tres pajaritos. Entonces mostró la galera vacía y el público aplaudió como nunca antes.
Eduardo se dio cuenta del potencial que su "poder" tenía. Cada vez que quería que algo no pasase, simplemente se lo decía a alguien un poco antes y como arte de magia, destruía el futuro.
El problema, es que sus amigos comenzaron a creer que estaba loco, porque empezó a llenar su vida de comentarios desubicados en su beneficio, y de a poco todos se fueron alejando de él.
En el pueblo lo conocían como "el loco de los comentarios". Ya no tenía amigos, pero si mucho dinero y con ello mujeres, "gracias" a esa vez que ganó el telekino. Fue muy sencillo, sólo tuvo que decir una serie de números que iban a salir y con un poco de suerte y tiempo acertó.
Un día conoció a Isabel, una extranjera con la que comenzó una relación amorosa. Todo iba muy bien en la pareja hasta que una noche salieron a cenar. Edu llevó a Martín, el último amigo que le quedaba, inseparable desde la infancia, que se bancaba todas sus actitudes porque en el fondo lo apreciaba mucho. Isabel, por su parte, llevó a Carla, su mejor amiga.
Sentados los cuatro en una mesa, escuchaban a un músico haciendo covers de Sabina. Eduardo esperaba su tema favorito, llamado "19 días y 500 noches". Cada vez que sabía que iban a tocar algún tema que no le gustaba, le decía en el oído a Martín: "Ahora va a tocar tal y tal canción"
Por supuesto, Martín no le decía nada, ya estaba acostumbrado a sus comentarios.
Así pasaba la noche entre copas, música y risas, hasta que Eduardo vislumbró que estaban por ejecutar su tema favorito. Entonces no dijo nada y esperó ansioso los primeros acordes...
Inesperadamente, el músico comenzó a cantar otra melodía.
Edu no lo podía creer. Jamás en toda su vida había errado una visión y se sintió muy mal porque creyó estar perdiendo su grandiosa habilidad. Como a los 15 minutos, lo presintió nuevamente: Estaban por tocar "19 días y 500 noches"...
El músico titubeó un rato, miró para todos lados como medio desorientado y tocó "Cerrado por derribo". En este punto, Eduardo ya se sentía opacado, así que decidió seguir disfrutando de la música pero el resto de la cena lo pasó pensativo, meditando profundamente sobre lo que ocurría.
Pero la escena se repitió dos veces más y su canción favorita nunca fue ejecutada.
Cuando terminó el show pidieron unos tragos y conversaron acerca del espectáculo.
- Que raro que no tocaron "19 días y 500 noches" - opinó Eduardo disgustado.
- Jajaja - se rió Isabel- Me parece que son dos los que se quedaron con ganas de escucharlo!
- Por qué? - preguntó Eduardo- A quién te referís?
- No!! - respondió Isabel- Es que Carla a cada rato me decía al oído:
"Ahora van a tocar 19 días y 500 noches"
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